Las autoridades decomisaron 36.635 kilos de clorhidrato de cocaína en septiembre de 2026, la cifra mensual más baja desde diciembre de 2021. La caída contrasta con el discurso de mano dura del Gobierno de Abelardo De la Espriella, que convirtió la ofensiva antidrogas en una de sus principales banderas.
Las primeras cifras oficiales de incautación de drogas durante el Gobierno de Abelardo De la Espriella plantean interrogantes sobre los resultados de su estrategia contra el narcotráfico. En septiembre de 2026, primer mes completo de su administración, las autoridades decomisaron 36.635 kilogramos de clorhidrato de cocaína, el registro mensual más bajo desde diciembre de 2021.
El dato fue identificado por La Silla Vacía a partir de una revisión de la base de datos oficial del Ministerio de Defensa. Aunque una cifra mensual no basta para determinar el desempeño general de una política antidrogas, el descenso adquiere relevancia al compararse con la evolución del promedio de incautaciones durante los últimos doce meses.
El promedio anual también registró una caída significativa
Para reducir el efecto de posibles variaciones atípicas del calendario, el análisis revisó el promedio móvil de doce meses. El indicador pasó de 82.361 kilogramos en agosto a 78.077 en septiembre, una disminución de 4.284 kilos.
Según el análisis citado, se trata de la mayor caída mensual de ese indicador desde 2010. Además, el promedio anual llegó a su nivel más bajo desde abril de 2025.
La evolución de este indicador refuerza la necesidad de examinar si la reducción corresponde a una fluctuación temporal o si refleja dificultades más persistentes en las operaciones contra el tráfico de cocaína.
La marihuana cayó y la base de coca alcanzó un máximo
El comportamiento de las incautaciones no fue igual para todas las sustancias. En septiembre, las autoridades decomisaron 13.261 kilogramos de marihuana, el registro mensual más bajo desde junio de 2017.
En contraste, la incautación de base de coca alcanzó los 12.322 kilogramos, la cifra mensual más alta desde que existen registros oficiales en el país.
Así, dos de las tres principales sustancias ilícitas consideradas en el reporte presentaron descensos sensibles, mientras que la tercera registró un aumento. La diferencia muestra por qué es necesario analizar cada indicador por separado y evitar conclusiones generales basadas en una sola cifra.
Las cifras ponen a prueba la promesa de mano dura
La caída de los decomisos contrasta con el discurso de seguridad de De la Espriella, quien convirtió la ofensiva contra las drogas en uno de los ejes de su agenda, con referencias al ingreso al Escudo de las Américas y al despliegue militar en distintas regiones.
El Ejecutivo sostiene que los resultados operacionales se harán visibles en los próximos meses. Sin embargo, los primeros registros disponibles dejan abierta la pregunta sobre la capacidad de la estrategia para traducir sus anuncios en resultados medibles.
También es importante precisar que una reducción en las incautaciones no demuestra, por sí sola, que circule más droga ni que haya aumentado la producción de cocaína. Para establecerlo sería necesario contrastar los decomisos con otros datos, como la producción potencial, los cultivos ilícitos, las rutas del tráfico, las operaciones realizadas y la capacidad de las organizaciones criminales.
Un primer balance que exige explicaciones
Los datos de septiembre no constituyen una evaluación definitiva de toda la política antidrogas del nuevo Gobierno. Sí representan una señal que merece explicación, especialmente porque la lucha contra el narcotráfico ocupa un lugar central en sus promesas de seguridad.
La pregunta de fondo es si la caída responde a factores coyunturales o a dificultades operativas que puedan persistir. La respuesta dependerá de la evolución de los próximos meses y de la publicación de indicadores que permitan medir los resultados más allá del discurso político.
Editor: Maricela Meza | Ágora Digital – 18 de octubre de 2026

