Leonardo DiCaprio compró una isla por 1,75 millones de dólares para salvar su ecosistema y restauró 104 hectáreas

Leonardo DiCaprio compró una isla por 1,75 millones de dólares para salvar su ecosistema y restauró 104 hectáreas

Leonardo DiCaprio es reconocido por Hollywood, pero también por su compromiso ambiental. En 2005 compró Blackadore Caye, una isla deshabitada frente a las costas de Belice, por 1,75 millones de dólares, con un objetivo distinto al de una residencia de lujo: salvar su ecosistema.

El hallazgo en Belice

El actor conoció el lugar durante unas vacaciones en 2004. Quedó cautivado por el paisaje, pero también advirtió los problemas: erosión costera, sobrepesca y pérdida de manglares. Junto al empresario Jeff Gram, propietario de Cayo Espanto Island Resort, concretó la compra de las 42 hectáreas por 1,75 millones.

En entrevista con The New York Times en 2015, la describió como un paraíso y explicó su intención de transformarla en un ejemplo de turismo responsable.

Blackadore Caye, a Restorative Island

Una década después presentó el proyecto. Diseñado junto al arquitecto Jason McLennan, contemplaba 68 villas, 48 residencias privadas y una reserva natural que ocuparía aproximadamente la mitad de la isla.

Los objetivos incluían recuperar manglares, restaurar 104 hectáreas de vegetación nativa, proteger especies marinas como manatíes, tortugas y peces, usar energía renovable, gestión responsable del agua, reducción de residuos y eliminación de plásticos. También incluía espacios de bienestar vinculados al Centro Deepak Chopra.

“El objetivo principal es hacer algo que cambie el mundo. No habría podido ir a Belice, construir en una isla y hacer algo así, si no fuera por la idea de que podría ser un hito en el movimiento ambientalista”, aseguró.

“Belice es verdaderamente único. Tiene el segundo sistema de arrecifes de coral más grande del mundo y una de las vidas marinas más biodiversas”, remarcó.

Polémica y demoras

A pesar de los objetivos, el proyecto enfrentó obstáculos. Organizaciones ambientalistas y pescadores locales expresaron preocupación por el impacto de un complejo de lujo sobre un ambiente costero sensible, posibles restricciones a zonas tradicionales de pesca y el transporte de visitantes.

Las críticas obligaron a modificar el diseño: se descartaron pista de aterrizaje y construcciones sobre el agua. El entonces primer ministro de Belice, Dean Barrow, respaldó la iniciativa por sus beneficios económicos y generación de empleo.

Aunque el plan contemplaba la recuperación total de la vegetación y la biodiversidad, su desarrollo sufrió demoras y no se ha concretado en los términos anunciados originalmente, pero sigue siendo uno de los proyectos de restauración privada más ambiciosos del Caribe.

Editor: Fer Bothía | Ágora Digital – 9 de octubre de 2026