Los liderazgos de derecha que han ganado espacio en América Latina enfrentan un reto que va más allá de las victorias electorales: conservar el respaldo ciudadano mientras sus propuestas se convierten en decisiones políticas y económicas concretas.
Abelardo de la Espriella en Colombia, José Antonio Kast en Chile, Javier Milei en Argentina y Keiko Fujimori en Perú son figuras asociadas a corrientes conservadoras que han capitalizado el descontento con sectores políticos tradicionales y han puesto en el centro de sus discursos asuntos como la seguridad, el orden público, la economía y el enfrentamiento con sus adversarios ideológicos.
Sin embargo, el respaldo ciudadano puede cambiar con el tiempo y verse afectado por las decisiones de gobierno, la situación económica, los conflictos sociales y las expectativas que acompañan a cada proyecto político.
De la Espriella cae por debajo del 50 % de aprobación
En Colombia, una medición de AtlasIntel para Bloomberg publicada en octubre de 2026 ubicó la aprobación del presidente Abelardo de la Espriella en el 48,7 %, frente al 51,8 % registrado en la medición anterior. La variación equivale a una caída de 3,1 puntos porcentuales. La desaprobación, por su parte, pasó del 43,2 % al 44,6 %.
La encuesta consultó a 2.893 adultos entre el 2 y el 7 de octubre y reportó un margen de error de dos puntos porcentuales, con un nivel de confianza del 95 %. Los resultados ofrecen una fotografía de la opinión pública en ese periodo, pero no bastan para establecer por sí solos una tendencia duradera ni para extrapolar el comportamiento de los votantes a toda América Latina.
Un desafío para los liderazgos de derecha
En distintos países de la región, las figuras conservadoras han construido su identidad política alrededor de promesas de seguridad, cambios económicos, autoridad y confrontación con las fuerzas que consideran responsables de los problemas nacionales. El desafío aparece cuando los ciudadanos empiezan a evaluar los resultados concretos de esas promesas.
La aprobación de un mandatario puede variar por múltiples razones: el costo de vida, el empleo, la seguridad, las reformas, la respuesta a las protestas y la relación entre las expectativas de campaña y las medidas adoptadas durante el gobierno.
Por eso, las variaciones en las encuestas deben leerse con cuidado. Una caída de apoyo no significa necesariamente una derrota política inminente, del mismo modo que una victoria electoral no garantiza respaldo permanente.
En el caso de Kast, Milei y Fujimori, cualquier conclusión sobre una pérdida de apoyo debe sustentarse en mediciones específicas de cada país, con fechas, muestras y metodologías comparables. Sin esos datos, no es posible afirmar que los cuatro liderazgos estén experimentando el mismo fenómeno o que exista una tendencia regional uniforme.
La discusión de fondo es si estos proyectos políticos lograrán sostener su respaldo cuando sus propuestas se enfrenten a las demandas cotidianas de la ciudadanía. Las próximas mediciones y los resultados concretos de sus decisiones permitirán evaluar mejor si se trata de fluctuaciones temporales o de un desgaste más persistente.
Editor: Fer Bothía | Ágora Digital – 20 de octubre de 2026

