Miles de personas se movilizaron en Santiago para conmemorar el séptimo aniversario del estallido social de 2019 y rechazar los recortes presupuestarios del Gobierno de José Antonio Kast. La jornada reabrió el debate sobre el costo de vida, los derechos sociales y las demandas que continúan pendientes.
Chile volvió a vivir una jornada de movilización social. Miles de personas salieron a las calles de Santiago el domingo 18 de octubre para conmemorar los siete años del estallido social de 2019 y expresar su rechazo a los recortes presupuestarios impulsados por el presidente José Antonio Kast.
La concentración tuvo lugar en la emblemática Plaza Italia, también conocida como Plaza Baquedano y Plaza Dignidad, uno de los principales escenarios de las protestas de 2019. Organizaciones sociales, estudiantiles y de trabajadores participaron en la jornada, marcada por consignas relacionadas con la memoria, el costo de vida y las demandas sociales que, a juicio de los manifestantes, siguen sin respuesta.
Entre los mensajes que acompañaron la movilización estuvieron «Octubre sigue vigente» y «No queremos sobrevivir, queremos vivir». Las consignas reflejaron el malestar de quienes consideran que los problemas que impulsaron las protestas de hace siete años continúan afectando a amplios sectores de la población.
Los recortes de Kast alimentan el descontento
La protesta se produjo durante el primer aniversario del estallido social desde la llegada de José Antonio Kast a la Presidencia, en marzo de 2026. El Gobierno ha impulsado reducciones presupuestarias en diferentes áreas, entre ellas salud, educación, ciencia, cultura y programas sociales, medidas que han generado cuestionamientos entre sectores estudiantiles y organizaciones sociales.
Uno de los puntos de preocupación es el posible impacto de estas decisiones sobre las personas que dependen de ayudas estatales y servicios públicos. Durante la movilización, participantes defendieron la necesidad de mantener la inversión social y reclamaron que las prioridades presupuestarias no se traduzcan en retrocesos en derechos y oportunidades.
El debate también involucra el costo de vida y la situación económica de los hogares. Para los manifestantes, conmemorar el estallido no significa únicamente recordar los acontecimientos de 2019, sino insistir en que varias de las inconformidades que llevaron a miles de personas a las calles continúan presentes.
Siete años después, Chile sigue dividido por el estallido social
El estallido social comenzó el 18 de octubre de 2019 y dio lugar a una de las mayores oleadas de movilización desde el final de la dictadura militar. Las protestas estuvieron relacionadas con el costo de vida, las desigualdades, las pensiones, la salud, la educación y el acceso a derechos sociales.
La revuelta también estuvo acompañada de episodios de violencia, daños a bienes públicos y privados y denuncias por actuaciones policiales. Sus consecuencias marcaron la política chilena y desembocaron en dos procesos constitucionales que no consiguieron la aprobación ciudadana.
Siete años después, la valoración de aquellos acontecimientos continúa dividida. Una encuesta de la Universidad del Desarrollo difundida en octubre de 2026 indicó que el 64 % de los consultados consideraba negativo el estallido social para el país. Por otra parte, un sondeo de Criteria señaló que el 68 % creía que las demandas que dieron origen a las protestas seguían sin resolverse.
Los resultados muestran dos percepciones que coexisten en la sociedad chilena: el rechazo a las consecuencias de la violencia y los daños registrados durante la revuelta, y la persistencia de reclamos relacionados con las condiciones de vida y la protección social.
Una marcha mayoritariamente tranquila, con enfrentamientos aislados
La movilización transcurrió mayoritariamente en calma, aunque durante la jornada se registraron enfrentamientos entre grupos de manifestantes y fuerzas de seguridad. La Policía utilizó carros lanzaaguas y gases lacrimógenos para dispersar algunos sectores de la protesta.
Los incidentes volvieron a poner en evidencia las tensiones que rodean las conmemoraciones del 18 de octubre. Mientras algunos sectores reivindican las demandas sociales que impulsaron el movimiento, otros destacan los daños, los episodios violentos y las consecuencias económicas que dejó el estallido.
La movilización de este año plantea un nuevo desafío para el Gobierno de Kast: gestionar las críticas a sus decisiones presupuestarias en un país donde todavía no existe una lectura compartida sobre el legado de 2019.
La discusión de fondo sigue abierta: cómo responder a las demandas sociales y a las dificultades económicas sin ignorar las preocupaciones por la seguridad, la violencia y el impacto que los conflictos tienen sobre la vida cotidiana.
Editor: Fer Bothía | Ágora Digital – 19 oct 2026

